03 junio 2008

Derechos y deberes

En la medida que los derechos son invenciones humanas, parece evidente que, una vez inventados, hay que materializarlos. Algo parecido a lo que ocurre en las empresas, que después de diseñar un nuevo prototipo en el departamento de investigación, tras la aprobación definitiva del proyecto, han que llevarlo a los talleres e iniciar su fabricación. En caso contrario, innovar no sirve de mucho.

Avanzar en el mundo de los valores no sólo implica reflexionar sobre el mundo que se anhela, sino también arremangarse y ponerse a la faena. Asumir que los sueños se han de construir, que para ello hay que poner primero unos cimientos consistentes, empezar luego ordenadamente a levantar el nuevo edificio, vigilar todos los detalles, no olvidar que hay que invertir en mantenimiento una vez construido...

El mundo de los valores, de los derechos, es algo íntimamente relacionado con el esfuerzo, o si se prefiere, con las obligaciones, unas palabras quizás algo desacreditadas, pero sin las cuales no es creíble cualquier proyecto de cambio.

Gandhi, en una carta dirigida a la ONU en 1947, decía oportunamente lo siguiente: "Mi madre, que era ignorante pero tenía un gran sentido común, me enseño que para asegurar los derechos es necesario un acuerdo previo sobre los deberes."

Sin olvidar los derechos (o precisamente porque no hay que olvidarlos), habría que hablar más a menudo del esfuerzo, de los deberes, ya que es evidente que, sin ellos, es imposible establecer contrato social alguno, ni garantizar, por añadidura, los derechos a los que legítimamente todos aspiramos.

02 junio 2008

La invención de los valores

Los valores son construcciones humanas. No se descubren, se inventan. Sólo se pueden "descubrir" aquellos valores previamente inventados por otros seres humanos.

Para valorar alguna cosa hay que adoptar o crear una tabla de valores de referencia. La historia de la humanidad está jalonada de múltiples invenciones de tablas de valores o sistemas morales (en general, revisiones de invenciones previas, ya que tampoco son tantas las invenciones posibles).

Las escalas de valores se construyen en función de objetivos determinados. Por ejemplo, en el ámbito de los modelos de organización social, la convivencia dialogante. O en su polo opuesto, la exclusión, la agresión como forma de acaparación de poder y recursos, etc.

Incluso la aparición de la ética, con su propósito de racionalizar los debates sobre las distintas opciones morales, se caracteriza por la misma fragilidad originaria: optar por la razón o la sinrazón como referente en la toma de decisiones no deja de ser una opción determinada, quizás sensata i comprensible, pero sin duda de alguna forma arbitraria.

Es posible, con relación a los valores de referencia, que pueda desazonar esta situación huérfana de fundamentos y seguridades, este transitar como un funambulista sin red, esta sensación de caducidad, de fragilidad...

Todo es una invención. La compasión y la caridad de las tradiciones religiosas. Su secularización posterior a través de la empatía y la solidaridad. La traducción de estas emociones y anhelos en los derechos humanos. Su concreción en documentos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

No obstante, también es cierto que hay invenciones que han demostrado ser especialmente brillantes y útiles. Al menos, para las personas que creen en ellas.

29 mayo 2008

Derechos justos e injustos

"Derecho: conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva."
Diccionario de la RAE

Muchas veces, el "conjunto de principios y normas que regulan las relaciones humanas" han justificado relaciones de dominación. Por ejemplo, el expansionismo colonial europeo (como todos los colonialismos) se desarrolló respetando unas leyes minuciosamente redactadas (por los conquistadores), que ya de entrada reconocían el derecho de conquista "de las tierras desconocidas". Lo mismo se puede decir de la trata transatlántica de esclavos, practicada respetando el ordenamiento legal vigente en los países promotores y beneficiarios de aquel comercio de personas.

Unos mismos derechos pueden ser moralmente correctos para unas personas pero moralmente inaceptables para otras. En los conflictos entre poderosos y oprimidos, a los primeros no les es difícil elaborar argumentos morales con el fin de justificar los propios privilegios. Porque la moral, por definición, es arbitraria. La ética en principio no. Y por lo tanto, los derechos pueden ser éticamente cuestionados, pasados por el tamiz de la razón. Y entonces se puede llegar a la conclusión que un determinado derecho es más o menos justo o injusto.

28 mayo 2008

Historia de los derechos humanos: principales hitos

La historia de los derechos humanos tiene algunos hitos fundamentales:

-La emergencia de la empatía.
-La creación de normas morales.
-El nacimiento de la ética (la aplicación de la razón sobre la validez de las normas morales).
-La creación de derechos.
-El disfrute de los derechos creados.

A pesar de aparecer secuencialmente, ninguna de las fases ha sido asimilada de forma definitiva. En la actualidad es tan necesario reivindicar las últimas como las primeras:

-La empatía (ante comportamientos de personas o colectivos que actúan sin la menor "compasión" hacia el sufrimiento ajeno).
-El sometimiento de la moral a la ética (ante la reivindicación de normas morales arbitrarias y lesivas de la integridad de las personas, esgrimidas por distintos colectivos religiosos o laicos).
-La creación de derechos como proceso permanente (en la medida que la veloz evolución de la humanidad obliga a afrontar nuevos retos y a revisar la concreción de algunos derechos en función de las nuevas situaciones).
-El disfrute de los derechos (a la vista de que amplios sectores de la población mundial estan muy lejos de gozar no ya de todos los derechos teóricamente consensuados por la comunidad internacional, sino ni tan siquiera de los más elementales, los imprescindibles para llevar una vida mínimamente digna, o sencillamente para sobrevivir).

Además, existe una indudable influencia mutua entre los distintos estadios, una influencia que se plasma en todos los sentidos, no sólo en la secuencial y progresiva que hemos expuesto. Por ejemplo, el acceso a la educación sin duda puede promover la reflexión sobre la secuencia previa (la creación de derechos), así como el acceso a unas condiciones de vida dignas suele facilitar la oposición a las normas morales arbitrarias, etc.

12 mayo 2008

El derecho a la alimentación

Además de su valor nutritivo, otro de los argumentos de los partidarios del consumo de carne es que "está sabrosa". Partiendo de este argumento, ¿podría ser justificable, en alguna medida, el consumo por ejemplo de carne de niño, ya que sin duda debe ser también nutritiva y sabrosa?

Y si hay argumentos de nivel superior que impiden un planteamiento como el anterior en el caso de las personas, ¿por qué motivo no se plantea esta restricción y su eventual aplicación en el caso de consumo de animales no humanos?

Las distintas opciones alimentarias de las personas que siguen dietas que incluyen o evitan la carne, ¿son sólo meras preferencias gastronómicas o incluyen dimensiones que deberían evaluarse a través de reflexiones éticas?

05 mayo 2008

Dilemas éticos: el aborto - 2

Si según argumentan algunas personas un óvulo acabado de fecundar es un ser humano, ¿se deben dedicar a salvar todos y cada uno de los óvulos fecundados y congelados los mismos recursos que se deberían dedicar a salvar, por ejemplo, la vida de cualquier niño enfermo?

¿Es igual de grave que "mueran" 15.000 embriones congelados (a causa por ejemplo de un corte de electricidad que afecte a los congeladores donde están almacenados), o que mueran 15.000 niños por falta de atenciones sanitarias básicas?

04 mayo 2008

La felicidad - 4

No sólo nacemos de una determinada manera, también nos autoinventamos a nosotros mismos. Porque algunas características de las personas son innatas, pero otras son modeladas.

Es evidente que a lo largo de la vida nos vamos amueblando (ilusiones, miedos, opiniones, gustos...). Escogemos, rechazamos... Reivindicando nuestra libertad, dibujamos sueños, establecemos necesidades, y luego detalladamente especificamos el umbral deseable de cada una de estas necesidades.

Entonces aprendemos a decir: "Yo soy así". Pero no es exactamente cierto, en parte nos ocultamos la verdad. No obstante, navegando en un océano de equivocaciones a la deriva como la nuestra, sentimos que nuestra afirmación es socialmente coherente.

El camino, además, es largo y laborioso, por lo que al final estamos agotados. El esfuerzo no ha sido ficticio, al contrario. Ha sido un trabajo agotador, constante, de años. Quizás contraproducente y disparatado, pero un verdadero trabajo de titanes (de habernos sido impuesto, de no haberlo elegido libremente, nos habría sido imposible asumirlo).

Puede que el cansancio nos inunde. Y el desconcierto. Nuestras expectativas (esta parte de nuestras invenciones) en ocasiones no se cumplen:

--¿Cómo puede ser que no me entiendan?
--¿Cómo puede ser que no me quieran?
--¿Cómo puede ser que no me respeten?

Nos sentimos profundamente estafados, ofendidos. Doblemente ofendidos, o burlados, si se tercia que se nos recuerda nuestro laborioso trabajo, la lenta construcción de nosotros mismos.

--¡No es verdad! -gritamos- ¡¡¡Yo soy realmente así!!!

De acuerdo, seguramente. Pero quizás es oportuno no olvidar el camino: si hay mucha parte de invención tejida laboriosamente, puestos a inventar... ¿Por qué no nos inventamos ser felices?

30 abril 2008

Dilemas éticos: el aborto

Hay temas de derechos humanos que, al ser abordados desde distintos sistemas morales, no coincidentes en algunos de sus principios, son inevitablemente conflictivos. Temas sobre los que, por mucho que se sometan a análisis éticos, no es posible llegar a conclusiones consensuadas (principalmente debido a que los analistas que intervienen no pueden sustraerse a sus respectivos convencimientos morales).

El caso del aborto sin duda es el más representativo. Y digno por tanto de ser tratado con la atención y el rigor que se merece. En alguna ocasión lo intentaremos.

Ahora sólo mencionaremos un aspecto marginal de este debate, en la medida que de alguna forma es indicativo del sistema de valores de los representantes de una de las moralidades litigantes.

Nos referimos concretamente a los representantes de la Iglesia Católica. Y es que la postura oficial de la Iglesia sobre el aborto, en principio del todo respetable, se ve enturbiada por su actitud ante los sistemas anticonceptivos: su cerril (incluso criminal) oposición a los sistemas anticonceptivos que ella no considera "naturales", cuestionan su credibilidad cuando pretende formular juicios éticos sobre los embarazos indeseados y el aborto.

De hecho, su oposición a los sistemas anticonceptivos es sólo un aspecto más de su complicada (por no decir turbia o enfermiza) relación con la sexualidad: su exaltación del celibato como condición más elevada del ser humano, su homofobia, condenando toda relación sexual que no coincida con lo que ella misma considera "natural", su condena del onanismo... En el fondo, reflejo todo de su exaltación de la mortificación, en la medida que el modelo a seguir que propone es el de alguien que, al parecer libremente, escogió morir torturado y crucificado. Como si no hubiera maneras más atractivas, puestos a escoger, "de salvar a la humanidad"...

29 abril 2008

La invención de los derechos

Los derechos son una de las muchas invenciones de los seres humanos. Los derechos humanos, en tanto que parte de los derechos en general (mercantiles, patrimoniales, etc.), son por lo tanto también el resultado de la fértil capacidad fabuladora de las personas.

La existencia de un ser supremo responsable de la existencia de los derechos humanos sería la versión más poética y barroca alumbrada por la fantasía humana para explicar la existencia de estos derechos. Y precisamente por esto es tan respetable: en la medida que los derechos no son una realidad a descubrir, sino una invención, su principal característica es la subjetividad. Una subjetividad manifiesta en cuanto a sus orígenes, y más opinable en cuanto a su contenido (ya que precisamente el objetivo de la ética, otro de los grandes inventos de la humanidad, es pasar por el filtro de la razón las distintas invenciones filosóficas y morales).

Pero la subjetividad (y la fragilidad que esta subjetividad implica), de la invención de los derechos humanos, no ha de hacer olvidar su gran utilidad. Y si a alguien le tienta la duda, sólo tiene que hacer el pequeño esfuerzo de imaginarse víctima de cualquiera de los grandes atropellos contra la integridad y la dignidad de las personas que se producen a diario. Contra esta dolorosa realidad, para ponerle coto, se erigen las proclamaciones de derechos.

Es posible, no obstante, que haya inventos mejores para regular la convivencia, o la coexistencia, entre las persona. Pero hasta el momento los otros inventos que se han propuesto o ensayado parece que son peores. En ocasiones manifiestamente peores. Es oportuno recordarlo, no olvidarlo. Al menos, hasta que se alumbre un invento mejor.

24 abril 2008

La felicidad - 3

Al hablar del optimismo y del pesimismo, el ejemplo clásico es el de la percepción de un vaso, lleno hasta la mitad, como "medio lleno" o "medio vacío".

¿Por qué ocurre que, en ocasiones, con un vaso lleno hasta la mitad, sólo vemos la parte medio vacía? ¿Quizás la medio llena no la vemos porque está "debajo"? ¿Es a causa de nuestra forma de mirar superficial, que nos impide apreciar que debajo, justo debajo de la parte medio vacía, pegado a ella, está siempre la parte medio llena?

Posiblemente la explicación es más compleja, y a la mirada superficial haya que añadir un exceso de fantasía negativa. Porque, a menudo, nos olvidamos de que los vasos también los fabricamos nosotros, y que a veces, para evitar las dudas relacionadas con "lo vacío y lo lleno", la solución es tan sencilla como inventarse un vaso distinto, más pequeño si es necesario.

¿O es que existe un vaso universal, "El Vaso", con unas características y una capacidad predeterminadas, fijas e inmutables? No lo parece si observamos los millones de vasos existentes y distintos y, sobre todo, aquellos casos en los que, vasos pequeños, quizás ni medio llenos, sacian la sed y llenan de luz la vida de algunas personas.

Cuando nuestra fertilidad inventiva no trabaja a favor nuestro, "nos traiciona", estamos perdidos, ya que entonces no para de complicarnos la vida. Por ejemplo, en ocasiones se suele entretener, ante la duda del vaso medio lleno o vacío, en inventar enormes jarras, a veces parecidas a verdaderas e inmensas piscinas, en las que acabamos vertiendo de forma insensata el contenido de nuestro vaso. Y entonces miramos la jarra o la piscina que nos hemos inventado y, entristecidos, contemplamos en el fondo el pequeño charquito en el que se ha convertido nuestro vaso de las dudas.

Sí, en ocasiones andamos por la vida un poco despistados, empeñados en utilizar la inteligencia creadora en la construcción de "nuestro proyecto personal de infelicidad". Ya para terminar, añadamos sólo que en la construcción de este gran proyecto, un elemento de gran ayuda es el convencimiento de que la causa de todas nuestras desdichas son siempre los demás. Pero esta ya es otra historia...