16 junio 2008

La invención de los derechos - 2

¿Cuál es el mayor invento de la humanidad? ¿La rueda, los aviones, la lavadora, internet...?

Hay un invento previo sin el cual no serían posibles las posteriores invenciones de la humanidad: la misma humanización, este invento evolutivo sorprendente, sin el cual no seriamos lo que somos.

Es obvio que el proceso de humanización es el que ha hecho posible todos los posteriores inventos de los seres humanos, ya sean emocionales (como la empatía), sociales (como la ética y la democracia), o materiales (como la agricultura, la rueda, la olla a presión o los fármacos).

Entre esta colección de invenciones surgidas gracias a la humanización previa, hay una que es necesario reivindicar de modo especial: los derechos humanos. Porque es precisamente este invento, basado en los inventos previos emocionales y sociales, el que permite, en la medida que se consigue la difusión y el respeto de estos derechos, que cada cual tenga la mayor libertad posible para desarrollar sus propios proyectos inventivos.

Los derechos humanos son un brillante invento en la medida que son la plataforma imprescindible para que cada cual pueda abordar lo más libremente posible el intento de invención de su propia vida como individuo, y de su modo de relación con el prójimo.

Es verdad, no obstante, que escoger es siempre un acto cargado de subjetividad. Por lo tanto, no sorprende demasiado que algunas personas puedan argumentar (sobre todo si contestan sin pensárselo demasiado), que "el mayor invento de la humanidad" es, por ejemplo, la televisión. O la cerveza... Pero lo cierto es que si alguna persona en un momento dado puede manifestar unas opiniones tan pintorescas en gran medida es gracias a que ya tiene garantizado el acceso a los más elementales derechos humanos. Otra cosa es que no sea consciente de ello, ni de lo que a lo largo de siglos ha costado (y sigue costando), pensarlos, reconocerlos, reivindicarlos...

15 junio 2008

Dios existe

La historia de la humanidad se caracteriza desde sus inicios por una relación constante entre el ser humano y Dios. Negar "razonadamente" su existencia es tan estéril como defenderla con el mismo argumento, la razón.

Solo se puede intentar la aproximación a esta eventual realidad de forma especulativa. Por ejemplo, podemos decir que, si Dios existe, quizás es algo distinto del Dios elucubrado por los teólogos de las principales tradiciones religiosas. Si adoptamos esta vía, entre teológica, mágica y poética, podemos imaginar distintos escenarios.

Uno de estos escenarios podría ser, desnudándonos humildemente de nuestro antropocentrismo narcisista, que Dios es un ser despreocupado de los asuntos humanos (quizás dedicado a llevar la contabilidad de los millones de galaxias que constantemente emergen y fenecen). O que es un ser bonachón, pero despistado y no muy habilidoso, incapaz de hacer la vida un poco más fácil a los pobres humanos. Otra posibilidad más inquietante sería la de un ser sencillamente malvado, siempre dispuesto a enviar desgracias, en forma de terremotos, erupciones volcánicas, nuevas enfermedades como el sida y toda suerte de calamidades al alcance de su omnipotencia.

Tampoco hay que olvidar las concepciones arcaicas, no por antiguas menos posibles: quizás el dios verdadero es el mismísimo Zeus, rodeado de sus colegas del Olimpo. O los egipcios Isis, Osiris, Ra... o alguna de las distintas divinidades africanas, precolombinas o asiáticas. Estas constelaciones de dioses permiten contemplar todavía otra posibilidad: que existan al mismo tiempo distintos dioses verdaderos, ocupado cada uno en mejorar la eficacia del apostolado de sus seguidores, para conseguir así una mayor difusión de su propia religión en la Tierra.

Ante tantas y tantas posibilidades, lo más sensato es pensar que alguna no sea sólo una fantasía. Por lo que es higiénicamente aconsejable dudar del propio ateísmo, por más firme y consolidado que esté.

13 junio 2008

Nuevos sujetos de derechos - 2

"Primero fue necesario civilizar al hombre en su relación con el hombre. Ahora es necesario civilizar al hombre en su relación con la naturaleza y los animales."
Victor Hugo

La modificación de la lista de sujetos beneficiarios de derechos ha sido una constante histórica. Por ejemplo, en la Antigua Grecia sólo eran consideradas ciudadanas aquellas personas libres, pertenecientes al sexo masculino y con una determinada posición social. Es decir, la mayor parte de las personas no eran ciudadanas , y por lo tanto no gozaban de las prerrogativas y derechos que la ciudadanía otorgaba.

En distintos momentos históricos, la mayoría muy recientes, se fueron incluyendo como sujetos de derechos a las mujeres, los niños, los siervos, los homosexuales, los miembros de poblaciones indígenas...

En la actualidad, existe el consenso general acerca de que sujetos de derechos lo son "todos los seres humanos" (artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos), "toda persona" (artículo 2), "todo individuo" (artículo 3), etc.

Hemos llegado a un consenso acerca de los derechos que les corresponden "a todos los seres vivos que al mismo tiempo son seres humanos". Pero, ¿es una barrera infranqueable, la de la pertenencia a la humanidad, para ser considerado sujeto de derechos? Ya que los derechos los inventamos y concedemos los seres humanos, ¿podemos inventar y conceder derechos que protejan a los animales no humanos? ¿Deberíamos hacerlo?

Juicios justos

"Cada vez que recordamos algo, lo cambiamos: nunca recordamos lo mismo igual. (...) nuestro cerebro funciona como un ordenador que cada vez que cargara un archivo de su memoria perdiera una parte de los datos. Lo que hacemos para que el recuerdo siga teniendo sentido es rellenar esos agujeros de contenido con invenciones en función de nuestras conveniencias (...) El cerebro nos miente siempre. La realidad es sólo una ilusión, pero, como añadía Einstein, muy persistente. El cerebro genera todos los procesos mentales de tu existencia, o sea: tu percepción de la realidad. Y rara vez te dice la verdad, pero casi siempre te dice lo que necesitas saber para subsistir."
Sandra Aamodt. Neuróloga, editora de 'Nature Neuroscience', autora de 'Entra en tu cerebro'
La Vanguardia (La Contra), 12-6-2008

Los artículo 10 y 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos hacen referencia respectivamente a los juicios justos e imparciales y a la presunción de inocencia. Un elemento fundamental de los sistemas judiciales es la aportación de testimonios, tanto los de los propios implicados como los de los testigos. La labor de los jueces consiste en primer lugar en averiguar la verdad sobre determinados hechos, para posteriormente poder dictar una sentencia lo más justa posible. Y para ello no sólo han de asumir que las personas pueden mentir intencionadamente con la finalidad de conseguir determinados objetivos, sino que, estando convencidas de no mentir, en ocasiones sus testimonios pueden estar muy alejados de la verdad, a causa del peculiar funcionamiento del cerebro que expone Sandra Aamodt, un funcionamiento asumido en la actualidad de forma general por los neurólogos.

12 junio 2008

Nuevos sujetos de derechos

Los seres humanos, en tanto que inventores de los derechos, hemos decidido que a todos nosotros, sin distinciones de raza, origen sexo, edad, etc., nos corresponde el mismo catálogo de derechos. El límite para ser incluido como beneficiario de derechos lo hemos establecido en "la pertenencia al género humano".

Si el debate sobre los sujetos de derechos se hubiera producido hace 30.000 años, entonces quizás alguien se habría planteado el dilema de si los neandertales debían considerarse también sujetos de derechos.

Hoy nos podemos plantear otro dilema más cercano: si consideramos que el remoto origen de los derechos está en la emergencia de la empatía y de la compasión durante el proceso de hominización progresiva, ¿es que los animales no humanos no son capaces de generar en nosotros sentimientos de empatía y compasión? ¿Somos insensibles a su dolor? ¿A su cosificación y explotación?

¿No sería deseable una nueva rehumanización, que nos permitiera ampliar de nuevo nuestro actual sistema de derechos, de forma que los otros seres sensibles con los que compartimos la existencia no fueran sólo contemplados como meros instrumentos al servicio de nuestras necesidades o caprichos?

11 junio 2008

Creer y crear

"Crear: 1. Producir algo de la nada. 'Dios creó cielos y tierra'. 2. Establecer, fundar, introducir por vez primera algo; hacerlo nacer o darle vida, en sentido figurado."

"Creer: 1. Tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado. 2. Dar firme asenso a las verdades reveladas por Dios."

Crear y creer son dos potencialidades humanas, especialmente fértiles en el caso de algunas personas. Como el huevo y la gallina, no se sabe si las creaciones alumbran las creencias, o si desde el marco de las segundas pueden emerger las primeras.

Cuando las creaciones y las creencias se mueven, por ejemplo, en el campo de las actividades artísticas, contemplarlas puede ser un espectáculo apasionante. Pero cuando ocupan el espacio de la organización social, entonces hay que andar con mucha cautela, y cualquier inspiración u ocurrencia ha de ser sometida a la razón. De modo especial cuando las creaciones y las creencias se empapan en el complejo y mágico mundo de la religiosidad.

(1) Las dos definiciones iniciales son del diccionario de la RAE.

10 junio 2008

Creencias, prepotencias y derechos

Es fácil entender y respetar el hecho de que una persona crea en alguna divinidad. Una persona así, que manifiesta su fe, su convencimiento íntimo sobre la existencia de un ser superior, sólo poniéndolo en evidencia, sin intentar razonar este convencimiento (de naturaleza irrazonable), a un no creyente incluso le puede enternecer, generándole una profunda y sincera simpatía.

El caso es distinto cuando la persona creyente empieza a a razonar sus creencias, a explicar sus fundamentos, a justificar sus convicciones, a demostrar, presuntamente, su veracidad incontestable. Si además, cosa habitual, se basa para ello en los textos sagrados de sus propias tradiciones religiosas, en los sesudos estudios de sus respectivos teólogos, entonces el asunto empieza a adquirir otro cariz.

A este segundo grupo de personas (1) no debería extrañarles que haya gente que no tenga reparos para aprovechar las ocasiones que se presenten para intentar rebatir de la forma más contundente posible todas sus argumentaciones. Con más razón, cuando mediante la sinrazón de su fe las personas religiosas intentan argumentar la necesidad de la supeditación de las normas sociales a las normas morales de la propia tradición religiosa.

En estos casos, la actitud desafiante de las personas creyentes no sólo autoriza, sino que demanda, la respuesta y la oposición pertinentes por parte de aquellas personas que creen en el avance que suponen las sociedades laicas sobre las teocráticas, que creen en la superioridad de la ética sobre la moral (como referente en los asuntos relativos a la organización social). Que creen, por ejemplo, que es mejor guiarse e inspirarse en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que en los 10 Mandamientos de la Biblia o en los hadit o dichos del profeta Mahoma.

(1) Huelga decir que también hay creyentes laicos (armados también con sus preceptivos "textos sagrados"), ateos religiosos capaces de gestionar sus respectivas "religiones" con la misma prepotencia, agresividad y peligrosidad, a causa de su falta de subordinación al civilizador e imprescindible filtro de la razón.

09 junio 2008

(desahogos) Hadas malas

Hay muchas clases de cuentos de hadas. Algunos los protagonizan hadas buenas. Otros hadas malas y ogros. Los monseñores Rouco Varela y Cañizares son dos hadas malas, apropiadamente vestidas de negro, representando el cuento siniestro del intento de implantación de su particular modelo de democracia teocrática romana.

No obstante, es el papel que les corresponde: cuando en 1948 se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos representantes de algunas confesiones religiosas reclamaban que en su articulado se hiciera referencia "al Ser Supremo", algo que afortunadamente no consiguieron, ya que se impuso el sentido común. En aquellos momentos, hubo quién incluso llego a sugerir que la Declaración Universal debería iniciarse con la reproducción de los Diez Mandamientos...

08 junio 2008

El derecho a la alimentación - 2

Al hablar del derecho a la alimentación no se puede ignorar el impacto que representa sobre los recursos alimentarios globales los distintos tipos de dietas. Por ejemplo, entre las dietas que incluyen el consumo habitual de carne y las básicamente vegetarianas.

Desde el punto de vista de la optimización de los recursos, el consumo de carne es una opción muy poco eficiente: el alimento que proporciona un filete es sólo una pequeña parte del alimento que ha tenido que consumir el correspondiente animal para elaborar el filete (al parecer, entre 1/6 i 1/12).

Por lo tanto, si en el mundo hay hambrunas, además de la receta elemental de aprender a compartir en lugar de excluir, a continuación lo más sensato y sencillo es obvio que consiste en renunciar al consumo de carne, "liberando" de este modo, poniéndolos a disposición de las personas, todos los alimentos que consumen los animales destinados al engorde.

La anterior seria una reflexión fundamental pero estrictamente antropocéntrica, encaminada sólo a respetar el derecho de todos los seres humanos a la alimentación. Pero no es la única reflexión posible, relacionada con el derecho a la alimentación.

Por ejemplo, al hablar de este derecho es difícil no referirse de alguna forma a los eventuales derechos (1) de los otros seres vivos que se incluyen en la dieta de los seres humanos, plantas y animales, especialmente los segundos, y entre estos, con una atención más particular a los más evolucionados, en distinta medida capaces de sentir y sufrir como nosotros.

(1) Decimos eventuales en la medida que los derechos los formulan los seres humanos, incluyendo como beneficiarios sólo los sujetos que estos subjetivamente deciden.

07 junio 2008

Opiniones políticas y derechos humanos

Algunas personas, especialmente si son famosas, como por ejemplo algunos deportistas de élite, al ser preguntadas por sus ideas políticas o acerca de determinados conflictos sociales contestan que ellas no opinan sobre política. No se dan cuenta que "no opinar sobre política" es imposible. Por ejemplo, estas mismas personas, cuando callan obstinadamente mientras participan en eventos organizados en el contexto de situaciones sociales que atentan gravemente contra los derechos humanos, con su participación silenciosa y acrítica están haciendo sin duda política, en concreto la política de no denunciar estas violaciones de los derechos humanos: dada su dimensión pública, con su actitud silenciosa las aprueban.

Otra cosa sería argumentar que, en determinados casos especialmente complejos, no es fácil decidir cual es la mejor decisión, "la mejor política". Estas situaciones se dan, y entonces la duda razonable puede estar no sólo justifica, sino incluso ser la opción más sensata. Pero nunca como norma, como excusa para evitar de entrada cualquier compromiso, para esquivar las situaciones complejas que, inevitablemente, en ocasiones hay que afrontar.

Por otro lado, no sólo las personas famosas están sometidas a la omnipresencia de esta dimensión política con relación a sus decisiones y actuaciones. Cada persona, en la propia vida cotidiana, por discreta y anónima que esta sea, ha de ir enfrentando las "decisiones políticas" inherentes al hecho de vivir en sociedad: resolver los conflictos que se le presentan, optar entre distintas alternativas, ponerse al lado del poderoso o del desvalido, reivindicar la generalización de determinados derechos humanos o su restricción...